Capítulo IV
AMANECER DE UN DIA HISTORICO
El grito del oficial y el sacudón en su hombro fueron casi simultáneos. José se despertó y se puso de pie sacudiendo la tierra ya seca de sus pantalones y de la espalda de su camisa. Como había dormido vestido no tuvo más que colocarse su chaqueta, acomodarse el pequeño quepí y ya estaba listo. A pesar que la oscuridad aún reinaba, refregó sus ojos tratando de atenuar la molestia que le provocaba el brillo de las hogueras nuevamente avivadas. Eran las cuatro y media de la mañana. José Moreno y sus compañeros partían en una pequeña columna que se fue engrosando más y más a medida que trasponían los quinientos metros que los separaban del villorrio de Obligado. Milicianos baraderenses y de San Antonio de Areco mandados por sus jueces de paz se sumaron a ellos y también lo hicieron numerosos indios que José pensó serían del lugar pero poco después se enteró que se trataba de indios que trabajaban en las estancias y chacras de la zona.
El entusiasmo no había amenguado sino todo lo contrario. José se sorprendió por la cantidad de soldados que había. En su imaginación todo se asemejaba a un panal de abejas. Estaban las obreras, estaban las que daban las órdenes, seguramente la reina, en este caso el general Mansilla, que estaría en plena actividad y, como en todo panal, también estaban los zánganos. Lamentablemente él se sentía integrando este último grupo. De entrada había pensado que lo apostarían en la cresta de la alta barranca, en cambio, junto a sus compañeros, lo habían metido bajo unos árboles, lejos de la barranca y como reserva en caso que el enemigo desembarcara. La idea que transcurriera la batalla y él no hubiese ni siquiera podido ver una miserable vela de algún barco no lo dejaba tranquilo ¿Qué contaría a su familia cuando volviera? Perderse de ver el espectáculo de los cañones argentinos disparando y destrozando los barcos invasores era algo que no podía soportar. El conversar con sus compañeros y ver que sentían lo mismo potenció aún más su desazón.
Con las primeras luces del día, algo en su favor se dio. A instancias del jefe de su sector se permitió que, en grupos, fuesen llevados hasta la zona de barrancas para que pudieran observar la geografía del lugar que deberían defender en caso que los anglofranceses desembarcaran.
Con el corazón golpeando en su pecho se asomó sobre la barranca deseando ver a esa maldita flota que, decían, se hallaba desde hacía dos días a la vista de la Vuelta de Obligado. Lo único que pudo ver, a la distancia, fueron algunos mástiles asomando detrás de la frondosa arboleda isleña. Era la única señal de barcos que había allí, escondidos de la vista por el recodo del rio. Mucho le llamó la atención la perfecta hilera de embarcaciones que se hallaban estacionadas frente a las posiciones argentinas y que cruzaban de una orilla a la otra del rio. Comentó a un soldado junto a él que no era mucho lo que podrían hacer esos barquitos tan bien alineados cuando los enormes barcos anglofranceses los embistieran, pero quien estaba a su lado le indicó que gruesas cadenas habían sido colocadas sobre los mismos. Otra cosa que pudo escuchar fue la jarana producida por la tropa apostada en la costa, debajo de las barrancas. Asomarse brevemente le permitió ver como volaban una tras otra botellas vacías hacia las tranquilas aguas. La cosa no estaba bien, borrachos no van a poder pelear, pensó en un primer momento. No pasó mucho tiempo para empezar a intuir el por qué de tanta ginebra generosamente repartida entre los soldados. (7)
(7) Los alumnos y docentes de la Universidad de Luján hallaron miles de trozos de botellas de ginebra en la playa escenario del combate. Esto permitiría suponer que los mandos militares argentinos apelaron a la muy conocida fórmula de toda guerra consistente en repartir alcohol para reforzar el valor de la tropa y evitar momentos de pánico que puedan degenerar en una huida y el consiguiente colapso de la línea de defensa.
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Capítulo V
CON LA FLOTA A LA VISTA
El paseo por grupos se vio sorpresivamente interrumpido cuando el mando argentino empezó a intuir que el enemigo podía comenzar el ataque en cualquier momento. Para ello se contaba con los informes que las avanzadas enviadas a observar la flota les hacían llegar. Estas misiones se hacían al amparo de la oscuridad e inclusive el mismo Mansilla participó de una de ellas pocas horas antes. Lógicamente solían terminar cuando eran descubiertas y puestas en fuga por los disparos de los guardias de las naves. Las condiciones creadas por un viento favorable para los barcos anglofranceses hacían pensar a los argentinos que el encuentro entre ambos bandos no tardaría en producirse. En tanto José, con la suficiencia de haber sido de los pocos que habían visto el panorama desde la barranca, contaba a sus compañeros que no habían podido ir cómo era el lugar.
“También vi los cañones que están puestos sobre la barranca –agregó- ¡son impresionantes!, me parece que ni vamos a poder disparar un solo tiro. Esos cañones van a terminar rápido la cosa”.
Eran las 6,45 de la mañana de ese 20 cuando se escuchó un murmullo entre los soldados sobre la barranca que, poco a poco, se fue extendiendo hacia la retaguardia. “¡Se están moviendo, las velas se están moviendo!”
Efectivamente, 6 naves de guerra con pabellón británico y otras 5 con bandera francesa, aprovechando viento favorable, empezaron a moverse para romper el bloqueo. (8)
A distancia quedaban las barcas carboneras que abastecían a las naves de vapor y, varios kilómetros más atrás, 90 buques mercantes de distintas banderas cargados con mercaderías para ser comercializadas en Corrientes y el Paraguay.
En José y en los 2600 argentinos que estaban ese 20 de noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado, la sensación de estar viviendo un momento histórico había desaparecido por completo de su mente, habiendo sido reemplazada por la de rogar que pasara todo de una buena vez y no resultar heridos.
(8) Las naves atacantes avanzaron formadas en dos divisiones de nacionalidad combinada. La primera estaba conformada por el capturado “San Martín” que lucía pabellón galo, “Pandour”, “Dolphin” y “Comus”, al mando del francés Tréhouart. La segunda división comandada por el británico Sullivan estaba integrada por “Philomel”, “Prócida”, Expéditive” y “Fanny”, que se situó sobre la costa entrerriana, a unos 700 metros de la batería “Restaurador Rosas” al mando de Alzogaray. Toda la flota combinada se hallaba bajo el mando único del almirante inglés Charles Hotham, el más antiguo en jerarquía.
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Capítulo VI
LA BATALLA
A pesar de no ver la flota invasora y que los gritos de los artilleros argentinos dando la alarma y dándose ánimo apenas eran audibles, el ruido de los cañonazos que se escucharon a continuación sacudieron a todos. Había comenzado la batalla. Eran las 8 de la mañana.
Fueron alrededor de unos 20 taponazos que retumbaron sobre el lugar y que fueron recibidos por los soldados abriendo sus bocas para evitar que el sonido dañara sus oídos, tal como habían estado aconsejando a la tropa varios especialistas en artillería desde la tarde del día anterior.
Varios soldados llegaron corriendo desde la cresta de barranca hasta donde se encontraba José y sus ciento setenta compañeros a las órdenes del juez Urraco.
“Agachensé!, agachensé!, los inmundos están bombardeando a Alzogaray”.
¡Pero cómo, no eran nuestros cañones!!! Se escuchó al unísono entre los sampedrinos.
¡Noooo, todavía no están al alcance nuestro! ¡Son ellos que están tirando y ahora van a empezar a caer bombas por acá!!! Fue la desagradable respuesta de los soldados que siguieron su alocada carrera para alertar al resto.
Al instante siguiente y sin que mediara ninguna orden se tiraron al suelo pegando sus mejillas a la tierra. Así quedaron unos instantes escuchando el silbido producido por los proyectiles anglofranceses al cortar el aire en caída libre sobre las trincheras y posiciones argentinas.
“Si escuchan el silbido no se asusten, -gritó un experimentado oficial- esas caen lejos. ¡La que les va a caer en la cabeza no la van a escuchar!!! No fue ningún alivio para esos jóvenes, adultos y algún que otro anciano enrolado por pedido o a la fuerza.
De pronto a José le vino a la mente la imagen de los soldados que había visto al pie de la barranca. La preocupación por su seguridad lo llevó a pensar en esa gente totalmente al descubierto, sin protección alguna, que estaría recibiendo los proyectiles de lleno. Ahí entendió que la inusitada generosidad en el reparto de alcohol por parte de los mandos tal vez tenía que ver con el poco instinto de conservación que había visto en esa tropa, y eso también le sirvió para explicarse por qué habían disminuido las deserciones a partir de la entrega de ginebra a los soldados. Quizás pasaba por ahí y no por el fuerte espíritu patriótico que se reforzaba a medida que pasaban las horas y se acercaba el momento del combate, tal como sostenían los oficiales.
La explosión fue tremenda. A pesar de ello José no la escuchó, o creyó no escucharla, el viento que le hizo caer fue lo que le llamó más la atención, un viento muy caliente que lo sacudió fuertemente. Pensó que tendría esa temperatura porque casi estaban en verano.
Vio levantarse y correr a algunos que estaban echados delante de él. Iban hacia su derecha. No entendió por qué pero él también se irguió. Le llamó la atención que el cañoneo hubiese cesado. Tambaleando giró. Lo que vio lo horrorizó. Numerosos cuerpos caídos se hallaban alrededor de una especie de pozo en el suelo, muchos de ellos eran solo partes con despojos de uniformes. Se dio vuelta y vomitó mientras su mente trabajaba a mil pensando quienes estarían allí, si eran conocidos o no.
Pensó que lo ocurrido se debía a la explosión de municiones propias porque, al igual que el resto de los argentinos, no conocía lo que eran las granadas y suponía que los anglofranceses disparaban con balas macizas.
¡Otra vez el viento caliente y otra vez en el suelo! ¡Cómo!, ¿no había terminado el cañoneo? Volvió a levantarse, tambaleando empezó a caminar tratando de poner en orden su mente. Pestañeó varias veces debido a la nube de tierra y pasto que la explosión había levantado y trató de buscar algún lugar dónde ponerse a cubierto aprovechando que parecía, ahora sí, que todo se había terminado y reinaba el silencio.
La imagen frente a él de ese tipo de sombrero de copa con la pluma roja abriendo la boca y haciendo ademanes delante suyo primero le pareció ridícula, porque gesticulaba y no decía nada. Cuando giró y observó el pandemonium que había y una nueva columna de tierra y humo que se levantaba entre algunos árboles, junto a los soldados que habían buscado refugio entre ellos, se dio cuenta que no escuchaba absolutamente nada.
Su única preocupación por el momento fue tratar de hacerle entender al militar que él no escuchaba y se señaló el oído moviendo su índice luego de un lado a otro. Ahí fue que el oficial le señaló a unos cincuenta metros otra arboleda donde vio que estaban llevando heridos.
Empezó a caminar hacia allí en posición agachada, pero luego pensó: “Para qué carajo voy a ir si estoy bien”.
En ese instante vio que grupos de soldados salían corriendo hacia su derecha pasando por detrás de la posición de los heridos.
“Me voy con ellos y a la mierda. En una de esas, por ahí, se me pasa el mareo”
Corrieron unos 200 metros hasta pasar la arboleda. Detrás de la misma José se halló, de pronto, ante una pendiente que daba al rio y, en él, una imagen asombrosa que lo dejó boquiabierto.
Enormes barcos con inmensas velas blancas cubrían gran parte de la superficie del enorme rio de aguas marrones. De algunos salía humo. De sus costados también salía humo en forma intermitente, un humo mucho más mortal. De vez en cuando, una enorme columna de agua se levantaba entre ellos.
Su éxtasis terminó al sentir un fuerte empujón en su espalda que lo obligó a dar un salto hacia adelante y seguir corriendo junto a sus compañeros en dirección a la playa.
Por un instante el grupo de soldados que corría frente a él se abrió y entre ellos pudo ver enormes canoas, mucho más grandes que las que se usaban en San Pedro, y de ellas bajando hombres vistiendo remeras blancas con pequeñas rayitas horizontales de color azul.
En un momento trastabilló cuando alguien a su lado cayó al suelo tocando sus piernas. Giró levemente a su costado y miró. Era alguien con una chaqueta similar a la suya.
De repente una sombra cruzó delante de él lo que lo obligó, a pesar del mareo que tenía, a mirar a su frente. Era uno de los de remera a rayitas venido de los barcos, estaba de costado a dos metros de él. Lo miró con curiosidad, tenía una boina negra de la que colgaba un cordón a su costado. En sus manos llevaba un sable muy diferente a los que estaba acostumbrado ver, era de hoja mucho más ancha. De golpe el hombre se da vuelta, su fiero rostro transpirado y sus ojos de mirada profunda asustaron a José que, instintivamente, empujó su fusil hacia él. Los ojos del hombre se hicieron grandes y más redondos, soltó el pesado sable y, mientras miraba hacia abajo, sus enormes manos se aferraron a la punta del fusil. El joven campesino vio el caño contra el estómago de su enemigo y pensó que debía tirar, era su deber, era él o el otro. No se animó a apretar el gatillo, pero a pesar de ello vio sangre en la remera a rayitas. Ahí se dio cuenta que la punta del fusil que él tenía y que el otro aferraba fuertemente en sus manos poseía una bayoneta en su extremo, pero la misma no se veía.
Para José no existía nada más en el mundo que ese hombre y él. La batalla a pleno y los soldados matándose habían perdido importancia. Lo único que él quería era recuperar su fusil e irse lo más rápido de ahí. Las piernas del hombre de remera a rayitas comenzaron a doblarse lentamente y el sampedrino sintió como le tiraba su fusil también hacia abajo. Comenzó a sacudir el arma de un lado hacia el otro tratando desesperadamente que se soltara, pero no podía. Sintió una mano apoyarse sobre su hombro izquierdo, miró hacia el costado y vio a otro de sus compañeros gesticulando. Trató de explicarle que no lo escuchaba, que no entendía lo que le decía. Aparentemente el otro comprendió porque le mostró su dedo índice curvándolo luego. La seña fue suficiente, José bajó la vista y apretó el gatillo. Hubo mucho humo en el vientre del hombre casi arrodillado pero dio resultado. Había recobrado su fusil, cosa que lo alivió. Al levantarlo de su bayoneta cayeron gotas de sangre sobre su mano derecha. Eso lo puso mal y rápidamente se agachó para limpiarse en los pastos.
Salir de allí se convirtió en lo único que quería. La imagen de su madre y sus hermanos era lo que ocupaba ahora su mente. Se dio vuelta y empezó a caminar en sentido contrario al combate en forma no muy rápida al comienzo pero apurando cada vez más los pasos.
De nuevo un golpe en medio de su espalda lo empuja hacia adelante, haciéndolo caer boca abajo. En el suelo pensó y maldijo al idiota que, seguramente lo había descubierto. Giró su cabeza para implorarle que no dijera nada y que lo dejara ir pero, para su sorpresa, no vio a nadie. Los soldados estaban lejos. Ahí fue que sintió un dolor profundo en su espalda. Como pudo, pasó su brazo izquierdo por detrás, y con mucha dificultad tocó el lugar, palpó el uniforme agujereado y lo sintió húmedo. Miró su mano con sangre y resolvió quedarse acostado de esa manera, boca abajo.
“Acostado así no me tirarán y cuando termine el lío me van a socorrer”. Calculó.
Ahora estaba más tranquilo. Aprovechando esa calma apoyó su cabeza en el suelo, de costado, observando los árboles con el azul cielo de fondo, limpio ya de las oscuras nubes de la mañana. De pronto descubrió uno que no tenía en su chacra.
“De ese me voy a llevar una rama a casa y la voy a plantar, seguro les va a gustar”.
Luego se puso a mirar con más atención a ver si había algún otro que fuera tan raro como ese...
...y en eso estaba cuando se durmió.
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lunes 23 de noviembre de 2009
domingo 22 de noviembre de 2009
El Miliciano. La historia de un combatiente de Obligado (Cuento de Eduardo Campos)
Capítulo I
LA LEVA
José Moreno llevaba 11 de sus 21 años trabajando la tierra. Nunca hizo otra cosa. Combatir... hum..., algún año atrás hubo que defenderse de los indios pero ya no constituían peligro. Tirar si, de vez en cuando salía a cazar con su padre.
¡Pelear con los ingleses y los franceses!... ¡Es una locura!, exclamó cuando los soldados enviados por la autoridad de San Pedro, le vinieron a pedir que se sumara a las tropas que pararían a los gringos en Obligado.
“¡Son órdenes del Restaurador, no debemos dejar que pasen, está en juego nuestra soberanía! –le dijo el teniente que venía al mando. Además, vendrá gente de Baradero y San Nicolás a unirse a nosotros. ¡Seremos miles! ¡No van a pasar!
¿Y armas? –interrogó José.
-Las habrá en cantidad, y munición también –contestó el teniente.- Ya estuvimos con los Pardo y los Barragán y dijeron que iban a venir-. Los ojos del militar eran solo una línea por la ira cuando agregó: -“El único que no quiso sumarse fue Zuloaga. Siempre me pareció que ese perro simpatiza con los unitarios. Cuando pase esto lo vamos a tener que arreglar”-
Al escuchar el nombre de sus vecinos de las chacras más próximas como ya sumados a la milicia, José tomó un poco más de valor y con la voz más firme que encontró dijo: “Iré”.
-¡Muy bien, patriota! Vaya hasta el pueblo y busque en la plaza, que sobre la calle del Convento, (1) han puesto una mesa donde registran a los voluntarios. Estarán bajo las órdenes de Benito Urraco! Le dijo apuradamente el oficial, mientras ponía una mano sobre su hombro y le apretaba fuertemente la otra.
¡Urraco!, viejo zaino. ¡Nunca me gustó! Pensó José para sus adentros, aunque también tenía claro que valentía y coraje no le faltaban al juez de paz. Es más, seguramente estaría sin ver la hora de empezar a pelear. Es mejor que lo padezcan los gringos así le da un alivio a sus empleados, se dijo sonriendo. Pero luego empezó a percibir una angustia creciente en su pecho. Acababa de meterse en el lío más fenomenal de su vida y casi sin darse cuenta.
La noche de ese día fue interminable para José que no pudo pegar un ojo. Se levantó con la primera luz y contra la costumbre no esperó a los peones de la chacra de su padre para tomar unos cimarrones. Calentó el agua y se fue al pie de un árbol. Eligió el último eucaliptus de una larga cortina que comenzaba en la casa. Durante un buen rato sorbió de la bombilla con la mirada perdida en la inmensidad del campo hasta que se decidió, ensilló su caballo y partió hacia San Pedro.
Tras una legua de marcha comenzó a ver las primeras casas del pueblo y al fondo los grandes árboles de la plaza.
Se bajó del caballo en la cuadra anterior a la plaza sorprendido por lo apurada que andaba la gente y, sobre todo, la cara de angustia que se veía en todos.
“¿Qué ocurre que hay tanto alboroto?” preguntó a un chico que pasó junto a él mientras ataba su caballo a un palenque.
“¡Los gringos, los gringos!!! Quisieron desembarcar y los corrimos a tiros”. (2)
El alivio y la satisfacción por el suceso duró muy poco y las dudas volvieron a llenar la cabeza de José Moreno. “Se trataba de una flota enorme dotada de cañones que no dejarían nada en pié” –le había dicho unos días antes Luis Zuloaga, su amigo de la chacra vecina. Pero también era cierto que los unitarios hacían correr rumores de ese tipo para desalentar los intentos de resistencia. Lo que le había insinuado el teniente que lo fue a ver el día anterior significaba que al pobre Zuloaga ya lo tenían junado y no pintaban muy bien los días venideros de su amigo en San Pedro.
Con esos pensamientos dando vueltas en su cabeza y tras caminar la cuadra que lo separaba de la plaza llegó a ella. Detrás de una mesa se hallaba don Nicasio Benítez, el encargado del saladero. Don Benítez, de gruesos bigotes blancos y la voz finita que a José siempre le daba risa, tenía a su lado un jovencito al que le hacía poner el nombre en un papel a los enrolados luego que el viejo les tomaba los datos. Una veintena de personas formaban una cola en las que reconoció a varios ya que se trataba de peones rurales de chacras y estancias que él solía visitar con frecuencia.
-¡Listo!, vaya a la esquina donde le darán ropa, fusil y balas. Mañana tienen que estar en Obligado porque parece que van más rápido de lo que pensamos- le dijo don Benítez, tras registrar su nombre en la planilla.
-¡Que pase el que sigue!-
Tras ser registrado le informaron que, a partir de ese momento, formaba parte de la milicia. Esta unidad, compuesta por gente con escasa experiencia guerrera, debería actuar como refuerzo si alguna de las unidades militares involucradas en resistir un posible desembarco del enemigo así lo requería.
El pantalón azul que le dieron anduvo más o menos bien, la chaqueta en cambio era enorme. -¡Trate de no abrir mucho los brazos porque si hay viento se lo va a llevar!- Exclamó el que le daba la ropa y todos los presentes festejaron el mal chiste.
¡Hay clima de fiesta, no se dan cuenta que mañana o pasado pueden estar muertos... o será que no quieren pensar en lo que viene! La duda giraba en la mente de José mientras intentaba abrocharse el pesado cinturón con las pequeñas bolsitas de cuero conteniendo la munición y la pólvora. Colocarse la pesada bayoneta exigió una tarea extra cuando llegó a la casa que consistió hacer un nuevo agujero en el cinto para que no se cayera todo, pantalones incluidos.
Llegado al rancho bajó del caballo con el largo fusil cruzado en su espalda y una sonrisa en su rostro pensando en lo que le iba a decir su familia cuando lo viera así vestido. Esa sonrisa no tardó en borrarse cuando su madre salió y lo miró con ojos llorosos. Otra vez se corporizó en su mente el lío en que se había metido, pero ya no había vuelta atrás, desertar equivalía a ganarse el pelotón de fusilamiento.
(1) Actual Carlos Pellegrini.
(2) Ese 18 de noviembre, la flota invasora había pasado frente a San Pedro desprendiendo de ella a varias balleneras que penetraron en la laguna con el fin de efectuar un desembarco armado. No lograron su objetivo al ser rechazados a tiros de fusil por un grupo de valientes vecinos comandados por Tomás Obligado.
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Capítulo II
RUMBO A OBLIGADO
Eran las cuatro de la tarde cuando el centenar y medio de hombres que se habían concentrado en la quinta de don Isidoro Gutiérrez montaron en sus caballos y enfilaron hacia la Vuelta de Obligado.
Una sorpresiva lluvia comenzó a mojar poco a poco la ropa hasta que ésta empezó a pegarse a la piel, ayudada por la transpiración en ese caluroso y pesado 19 de noviembre. La moral no podía ser peor y el abatimiento era general. Las quejas que se sucedían entre los hombres por la lluvia, la temperatura, los mosquitos, el peso que llevaban encima y la lenta marcha eran fundadas pero también era cierto que ello encubría, sin dudas, el temor a lo que iban a enfrentar en algunas horas más.
Pasando el arroyo Espinillo se toparon con algo que, a medida que se acercaran a su destino, se iba a hacer más habitual. De cada camino salían hombres y más hombres, a caballo o en carretas. Poco a poco empezaron a formar una columna casi constante por lo que el humor fue cambiando.
Con Obligado a un cuarto de legua, el panorama que se abría a la vista de los que llegaban era imponente. Cientos de soldados a lo largo del camino iban y venían, caballos tirando cañones, cajas de provisiones y pólvora apiladas en los costados. Un verdadero hormiguero humano en plena actividad era lo que percibía quien arribaba al lugar.
En José, como en todos, la sorpresa le dejó paso a la algarabía. ¡Nunca vi tantos soldados juntos! Le dijo a quien estaba a su lado. ¡No van a pasar, estos gringos no van a pasar! ¡Miren esos cañones! exclamó otro, “Van a hundir todo lo que pase”. Con euforia y admiración no sacaban los ojos de un cañón que, sobre una cureña y con dos grandes ruedas, se había deslizado sobre una de las márgenes del arroyo “Los Cueros”. Un enojado oficial no paraba de gritar a los hombres que, esforzadamente, trataban de impedir la caída del cañón al agua.
Era la primera vez que veían cañones. Habían oído hablar de ellos pero nunca pensaron que podían ser tan grandes. El ensimismamiento de los flamantes milicianos sampedrinos fue roto por el casi rugido del oficial que, dirigiéndose a ellos les gritó: “¡A ver ustedes, zánganos de mierda, dejen de mirar y ayuden!”. Como un solo hombre fueron a socorrer a los transpirados artilleros que, evidentemente, no podían con el arma.
¡Es el general Mansilla! exclamó alguien. Todos pararon su actividad para tratar de ver al jefe de todas las tropas argentinas. ¡Qué hacen idiotas –rugió de nuevo el oficial- sigan tirando de las sogas que el cañón se nos va a la mierda! (3)
José Moreno y sus compañeros continuaron haciendo fuerza pero con la cabeza levantada tratando de observar al tan mentado Mansilla. Con el enrulado pelo algo largo, uniforme bastante sucio, desaliñado y con botas totalmente embarradas, el general estaba lejos de parecerse al que, en su imaginación, José había creado. En lo que se asemejaba, eso sí, era en su conducta. Dando grandes trancos avanzaba gritando órdenes y más órdenes. Al pasar a su lado vio la escena y con voz potente dijo al oficial ¡Qué hace Thorne! ¡Deje esa tarea a sus hombres y venga a ubicar los otros cañones en posición, carajo! De mala gana el oficial se sumó al grupo que seguía a Mansilla y se dirigieron al poblado. (4)
(3) El audaz, arrogante y genial táctico Lucio N. Mansilla nació en Buenos Aires en 1792. Su decidida actuación en la batalla de “La Vuelta de Obligado” opacó el resto de una destacada vida militar que comenzara en 1806 con la primera invasión inglesa comandada por Beresford, al año siguiente el 2 de junio en los Corrales de Miserere y luego los días 5 y 6 contra las mismas tropas británicas. Cinco años después y con el grado de teniente combatió a los invasores portugueses en la Banda Oriental a las órdenes de Artigas. En esa campaña resultó herido siendo distinguido por el gobierno de Buenos Aires en mérito a su valor.
Ya a las órdenes de José de San Martín instruyó a los regimientos 7 y 11 que se cubrirían de gloria en las batallas de Chacabuco y Maipú. Luego de esta campaña el Libertador lo nombró comandante general de las cordilleras sur de Los Andes, emergiendo de la misma con el grado de mayor y siendo condecorado por el gobierno argentino y por el de Chile que le nombró oficial de la Legión de Mérito y le otorgó una medalla y cordones.
Años después y como comandante de la única fuerza regular que existía en la provincia de Entre Ríos se propuso acercar a la misma a la Confederación Argentina. Ayudado por los representantes provinciales que lo eligieron Gobernador y Capitán General estrechó y afianzó las relaciones con Buenos Aires. Tras esto se embarcó en realizar la tarea de acercar a la provincia de Santa Fe cosa que logró presentándose solo, de noche y desarmado frente al General López al que le declaró no regresaría a Buenos Aires sin haber obtenido la incorporación de dicha provincia. Esta es, quizás, la etapa más brillante del Mansilla político.
En 1821 hizo sancionar solemnemente en Entre Ríos la primera constitución provincial que se dio en la República, coronando su obra al dejar por propia voluntad el cargo de Gobernador a pesar de los reclamos para que continuara, señalando que lo hacía para no sentar un precedente.
En setiembre de 1826, al declararse la guerra con el Brasil, Rivadavia lo nombra comandante general de la costa. Incorporado al ejército de Alvear y al mando de una división, Mansilla participó de la batalla de Camacuá, persiguiendo al enemigo derrotado lo que le valió una recomendación del gobierno argentino. Meses después, y al mando de su poderosa división integrada por unos 1.800 combatientes, derrotó en la batalla del Ombú al general Bentus Manuel quien estaba al frente de la mejor caballería que contaba el imperio hasta entonces. La dispersión de los efectivos brasileños fue tan grande que no pudieron participar de la decisiva batalla de Cutizaingó, el 20 de febrero de 1827. Como reconocimiento Mansilla recibió el nombramiento de Jefe de Estado Mayor.
El inicio de la guerra civil en el país decidió su retiro de la vida militar hasta que, en 1834, el General Viamonte, lo convocó para organizar la policía de Buenos Aires. Realizada esta tarea acomete con necesarias obras de infraestructura en la ciudad como el camino al Riachuelo de La Boca y el muelle del margen.
Con el país desangrándose en la guerra entre federales y unitarios no quiso tomar parte a pesar de ser cuñado de Juan Manuel de Rosas, solo aceptó acompañar al comisionado francés Halley para ofrecerle al general Juan Lavalle, derrotado en Santa Fe y El Quebracho, las garantías suficientes para concluir en una paz duradera.
Entre 1840 y 1844 Lucio N. Mansilla desarrolla una gran actividad política en la Legislatura de Buenos Aires reclamando una y otra vez por los derechos de la República desconocidos y vulnerados por las grandes potencias de la época.
El año 1845 lo halla como comandante en jefe del departamento del norte y en ese cargo plasma en el campo de batalla lo que había reclamado reiteradamente en la Legislatura, el respeto por los derechos soberanos de la nación, el lugar: La Vuelta de Obligado.
Acevedo, San Lorenzo y el Quebracho son los encuentros que vuelve a tener con los anglofranceses.
Después de 1852 Mansilla se retira a Francia donde colabora con la diplomacia argentina, entrevistándose con los integrantes de la corte de Napoleón III y encontrándose en más de una oportunidad departiendo con varios de los generales franceses con los que se enfrentó en Obligado, San Lorenzo y El Quebracho.
Vuelto a nuestro país se retiró a la vida privada. Su deceso ocurrió el 10 de abril de 1871, previamente se hizo construir su propio ataúd y se tomó el tiempo para pedirle a un empleado fúnebre que, cuando llegara el momento no le colocaran una almohada tan baja como se hacía habitualmente, que le hiciera quedar la cabeza a la misma altura del tronco.
A su entierro no concurrieron las autoridades de la República. Comenzaba el olvido premeditado de la figura del general Lucio N. Mansilla y de una extraordinaria epopeya llamada “Batalla de la Vuelta de Obligado”.
(4) Si hay alguien que se cubrió de gloria ese 20 de Noviembre de 1845 en la “Vuelta de Obligado” es el coronel de marina Juan Bautista Thorne, quien naciera en Nueva York el 8 de marzo de 1807. En el año 1825, en su tercera visita a Buenos Aires, fue invitado por el gobierno argentino a formar parte de la incipiente escuadra nacional. Thorne acepta y dos años después se lo designa como oficial del bergantín Chacabuco. En esta nave participa de la Gesta de Patagones, en el marco de la guerra que nuestro país sostenía contra el Imperio del Brasil. En dicha batalla abordó valientemente a la nave brasileña “Itaparica” y personalmente arrió el pabellón imperial colocando el argentino.
A partir de ahí son innumerables las acciones bélicas en las que Thorne participa pero es en la “Vuelta de Obligado” donde su nombre se convierte en un símbolo de la resistencia a ultranza, mostrándose con un coraje sin límites. Desde el inicio de la batalla no se movió de su lugar, el parapeto ubicado a pocos metros de la batería “Manuelita” que estaba a sus órdenes, desde ahí guió el tiro de los cañones bajo el infernal fuego de la artillería naval anglofrancesa. Con la batalla ya decidida y con las tropas argentinas retirándose bajo la presión de las fuerzas enemigas desembarcadas, Thorne desoyó en dos oportunidades el pedido del General Lucio Mansilla para que suspendiera el fuego y se retirara recibiendo como respuesta: “que sus cañones le imponían hacer fuego hasta vencer o morir”. Si bien afortunadamente no murió, las consecuencias de estar tanto tiempo expuesto al estampido cercano de los cañones de “La Manuelita”, según algunos, o de ser alcanzado por una explosión, según otros, terminaron por hacerle perder el oído, quedando en la historia como el “Sordo de Obligado”.
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Capítulo III
VISPERA
Con el cañón nuevamente sobre el camino y suponiendo que ya solo faltaba esperar a que los barcos enemigos aparecieran por el río, José y cuatro de sus cansados compañeros, bajo una lluvia que no había amainado en ningún momento, comenzaron a caminar lentamente. Lo hicieron bordeando “Los Cueros” en dirección contraria al río Paraná y poniendo distancia de cualquier otra solicitud de ayuda que significara “poner el lomo”.
Notable, ¿no? De los cinco, salvo uno que era empleado de un almacén en el pueblo, todos eran trabajadores rurales y sus tareas habituales solían ser bastante más agotadoras que empujar un cañón durante diez minutos, es decir que no eran personas que sacaran el cuerpo cuando de esfuerzo físico se trataba. Estaba claro que para ninguno de los peones lo que estaba por suceder resultaba más importante que la cosecha que debían levantar y otros quehaceres del campo que habían dejado inconclusos, sin embargo, y a pesar de la poca información que tenían, tampoco les resultaba agradable permitir sin más el paso de barcos enemigos que ponían en riesgo a la nación recién independiente.
Pero a medida que profundizaban la charla, José se fue percatando que la incorporación de los demás al ejército había sido muy distinta a la suya. El diálogo amable que el oficial había sostenido con él no se había repetido en los otros casos. La razón aparecía muy clara. El era hijo del propietario del campo, un productor muy conocido en el pueblo y alrededores. El resto, simples peones rurales y el empleado de almacén, fueron reclutados compulsivamente. Los oficiales encargados del reclutamiento se limitaban simplemente a preguntarle a cada propietario de campo, hacienda, chacra o quinta cuántos peones tenía y según la respuesta decidían, si eran diez se llevaban tres, si eran veinte la leva alcanzaba a seis, y no había pataleo alguno que valiera.
Así pasaron los cinco poco menos de una hora conversando alternadamente sobre ingleses, el trigo, los arados, los barcos, los franceses, cómo facturar un cerdo y la posibilidad de hacerlo con el teniente que los reclutó. Pero ocurrió que, al irse alejando poco a poco del hormiguero humano, el quinteto fue más visible para los activos oficiales que intentaban poner un poco de orden en ese caos de hombres, caballos, armas y pertrechos.
-¡Soldados!- El grito los paró en seco.
-¿Qué están haciendo?-
-¡…!-
El silencio fue suficiente respuesta para el oficial que tomó a uno del brazo haciendo que el resto lo siguiera. Caminaron un buen trecho en dirección al río, fueron pasando alguno que otro ranchito y llegaron hasta el borde de la barranca. Por un sendero que a los peoncitos devenidos en soldados les pareció a pique bajaron dificultosamente hasta el pie de la barranca. Lo de bajar es una manera de decir porque la húmeda tosca hizo que descendieran poco menos que por un tobogán. Ya abajo, luego de caminar algunos metros y tras pasar un recodo, se hallaron frente a una monstruosa boca que parecía devorar a una hilera de hombres que, con todo tipo de elementos, se perdía en su interior.
-Desde este momento los tengo afectados a tareas de logística- bramó el oficial, dirigiéndose acto seguido a uno de los soldados que se hallaban trabajando entre pilas de cajones y bolsas.
--¡Cabo!- Aquí tiene más hombres, ahora no hay más excusas- Le rugió.
¡Vamos caminen zánganos! Fueron las primeras y las más amables palabras que les dedicó el cabo esa tarde.
Minutos después, y ya con el torso descubierto, los cinco se habían sumado a una nutrida fila de soldados que llevaban cajones y cajas con municiones y pertrechos hasta el interior de una enorme cueva.
-Es “La Salamanca”- Les informó uno de los soldados que, si bien no era del lugar, solía pescar seguido por la zona y utilizaba una de las varias cuevas existentes para quedarse por las noches. (5)
-Ahora que rajaron a los indios uno puede venir a quedarse –continuó- Antes no porque las usaban para vivir-. (6)
Poco a poco la luz del día fue decayendo y tanto José como sus compañeros tuvieron que regresar hasta donde estaba su unidad. Brindadas las explicaciones a sus superiores por las horas en que estuvieron alejados del cuerpo y asimilado ya el nuevo reto recibido se sumaron a los 165 efectivos y se dirigieron hasta un puesto donde les fue entregada una doble ración de munición y una botella de ginebra a cada uno.
-Si quieren caminen un kilómetro tierra adentro y hagan algunos disparos así conocen las armas- Les dijo el gordo de barba que les entregaba las cosas- No se hagan problemas, balas y ginebra hay de sobra –completó.
Recién ahí se percató José que, desde el momento en que les fueron entregadas las armas, jamás les habían hecho hacer un disparo. Su amigo, el empleado de almacén del pueblo, le aclaró que él y sus compañeros sí habían tirado unos tiritos antes de salir. Pero, a pesar de ello, decidió no ir, estaba casi oscuro, seguía lloviendo y se hallaba muy cansado por el trabajo en “La Salamanca”. Cuando los que habían decidido ir a tirar volvieron ya era noche cerrada, ahí terminó de convencerse de lo acertado de su decisión.
-No había a qué tirarle- -No se veía nada- -Ni una puta comadreja había- Fueron algunas de las quejas esgrimidas por los hombres que habían ido a probar los fusiles.
Hacía ya muchos días que los escasos pobladores de la Vuelta de Obligado se habían ido junto a las familias de indios que vivían en la zona de la desembocadura del arroyo “Los Cueros”, “aconsejados” por las autoridades militares. Las pocas gallinas y animales domésticos que quedaron pronto se transformaron en las primeras víctimas fatales de la inminente batalla. Metidos en las ollas con agua hirviendo no tuvieron el final glorioso que les esperaba a muchos de los hombres que los saborearon.
La caída de la noche no hizo disminuir en nada el agobiante calor. Desde su lugar en el campamento y gracias a una pequeña elevación, José podía ver las innumerables fogatas donde se preparaba la abundante cena que se había ordenado dar a los soldados, por supuesto, bien surtidos con ginebra.
Contra lo que podría pensarse el humor era inusitadamente bueno y las risas se oían con frecuencia a pesar de lo que se avecinaba en horas más. Aún así no se podía atribuir a la bebida la exaltación de los ánimos que se observaba en general. Más bien era una alegría y entusiasmos originados en la mezcla que traía la ansiedad, los nervios y, por que no, la idea que estaban ante un día que sería histórico, un día donde el joven país daría una lección a las dos grandes potencias de la época. Se había podido contra España y la independencia era un hecho y se había podido también contra Inglaterra en 1806 y 1807 ¿por qué no se iba a poder ahora contra Francia e Inglaterra?
No sabían que no iba a haber victoria y no eran concientes tampoco que muchos de ellos no estarían vivos en las siguientes 24 horas. Donde no erraban era que pasarían a la historia, que escribirían con sangre un capítulo del gran libro del país, cosa que hoy, a los argentinos, nos debería enorgullecer como nunca.
(5) “La Salamanca” es una de las numerosas cuevas existentes al borde del río Paraná entre la “Vuelta de Obligado” y la ciudad de Ramallo. La citada es una de las de mayor envergadura y profundidad, estando formada por la erosión del río a través del paso del tiempo. Curiosas leyendas teñidas por lo misterioso se tejieron durante décadas en torno a esta caverna. Hasta bien entrado el siglo XX habitó gente en su interior.
(6) Entre el año 2000 y el 2006, docentes y alumnos de arqueología de la Universidad de Luján efectuaron varios trabajos de campo en el lugar histórico confirmando, a través del hallazgo de cerámica indígena, la presencia de varias familias aborígenes que vivieron ahí hasta que las autoridades militares y civiles encargadas de la fortificación del lugar las desplazaron allá por agosto de 1845.
LA LEVA
José Moreno llevaba 11 de sus 21 años trabajando la tierra. Nunca hizo otra cosa. Combatir... hum..., algún año atrás hubo que defenderse de los indios pero ya no constituían peligro. Tirar si, de vez en cuando salía a cazar con su padre.
¡Pelear con los ingleses y los franceses!... ¡Es una locura!, exclamó cuando los soldados enviados por la autoridad de San Pedro, le vinieron a pedir que se sumara a las tropas que pararían a los gringos en Obligado.
“¡Son órdenes del Restaurador, no debemos dejar que pasen, está en juego nuestra soberanía! –le dijo el teniente que venía al mando. Además, vendrá gente de Baradero y San Nicolás a unirse a nosotros. ¡Seremos miles! ¡No van a pasar!
¿Y armas? –interrogó José.
-Las habrá en cantidad, y munición también –contestó el teniente.- Ya estuvimos con los Pardo y los Barragán y dijeron que iban a venir-. Los ojos del militar eran solo una línea por la ira cuando agregó: -“El único que no quiso sumarse fue Zuloaga. Siempre me pareció que ese perro simpatiza con los unitarios. Cuando pase esto lo vamos a tener que arreglar”-
Al escuchar el nombre de sus vecinos de las chacras más próximas como ya sumados a la milicia, José tomó un poco más de valor y con la voz más firme que encontró dijo: “Iré”.
-¡Muy bien, patriota! Vaya hasta el pueblo y busque en la plaza, que sobre la calle del Convento, (1) han puesto una mesa donde registran a los voluntarios. Estarán bajo las órdenes de Benito Urraco! Le dijo apuradamente el oficial, mientras ponía una mano sobre su hombro y le apretaba fuertemente la otra.
¡Urraco!, viejo zaino. ¡Nunca me gustó! Pensó José para sus adentros, aunque también tenía claro que valentía y coraje no le faltaban al juez de paz. Es más, seguramente estaría sin ver la hora de empezar a pelear. Es mejor que lo padezcan los gringos así le da un alivio a sus empleados, se dijo sonriendo. Pero luego empezó a percibir una angustia creciente en su pecho. Acababa de meterse en el lío más fenomenal de su vida y casi sin darse cuenta.
La noche de ese día fue interminable para José que no pudo pegar un ojo. Se levantó con la primera luz y contra la costumbre no esperó a los peones de la chacra de su padre para tomar unos cimarrones. Calentó el agua y se fue al pie de un árbol. Eligió el último eucaliptus de una larga cortina que comenzaba en la casa. Durante un buen rato sorbió de la bombilla con la mirada perdida en la inmensidad del campo hasta que se decidió, ensilló su caballo y partió hacia San Pedro.
Tras una legua de marcha comenzó a ver las primeras casas del pueblo y al fondo los grandes árboles de la plaza.
Se bajó del caballo en la cuadra anterior a la plaza sorprendido por lo apurada que andaba la gente y, sobre todo, la cara de angustia que se veía en todos.
“¿Qué ocurre que hay tanto alboroto?” preguntó a un chico que pasó junto a él mientras ataba su caballo a un palenque.
“¡Los gringos, los gringos!!! Quisieron desembarcar y los corrimos a tiros”. (2)
El alivio y la satisfacción por el suceso duró muy poco y las dudas volvieron a llenar la cabeza de José Moreno. “Se trataba de una flota enorme dotada de cañones que no dejarían nada en pié” –le había dicho unos días antes Luis Zuloaga, su amigo de la chacra vecina. Pero también era cierto que los unitarios hacían correr rumores de ese tipo para desalentar los intentos de resistencia. Lo que le había insinuado el teniente que lo fue a ver el día anterior significaba que al pobre Zuloaga ya lo tenían junado y no pintaban muy bien los días venideros de su amigo en San Pedro.
Con esos pensamientos dando vueltas en su cabeza y tras caminar la cuadra que lo separaba de la plaza llegó a ella. Detrás de una mesa se hallaba don Nicasio Benítez, el encargado del saladero. Don Benítez, de gruesos bigotes blancos y la voz finita que a José siempre le daba risa, tenía a su lado un jovencito al que le hacía poner el nombre en un papel a los enrolados luego que el viejo les tomaba los datos. Una veintena de personas formaban una cola en las que reconoció a varios ya que se trataba de peones rurales de chacras y estancias que él solía visitar con frecuencia.
-¡Listo!, vaya a la esquina donde le darán ropa, fusil y balas. Mañana tienen que estar en Obligado porque parece que van más rápido de lo que pensamos- le dijo don Benítez, tras registrar su nombre en la planilla.
-¡Que pase el que sigue!-
Tras ser registrado le informaron que, a partir de ese momento, formaba parte de la milicia. Esta unidad, compuesta por gente con escasa experiencia guerrera, debería actuar como refuerzo si alguna de las unidades militares involucradas en resistir un posible desembarco del enemigo así lo requería.
El pantalón azul que le dieron anduvo más o menos bien, la chaqueta en cambio era enorme. -¡Trate de no abrir mucho los brazos porque si hay viento se lo va a llevar!- Exclamó el que le daba la ropa y todos los presentes festejaron el mal chiste.
¡Hay clima de fiesta, no se dan cuenta que mañana o pasado pueden estar muertos... o será que no quieren pensar en lo que viene! La duda giraba en la mente de José mientras intentaba abrocharse el pesado cinturón con las pequeñas bolsitas de cuero conteniendo la munición y la pólvora. Colocarse la pesada bayoneta exigió una tarea extra cuando llegó a la casa que consistió hacer un nuevo agujero en el cinto para que no se cayera todo, pantalones incluidos.
Llegado al rancho bajó del caballo con el largo fusil cruzado en su espalda y una sonrisa en su rostro pensando en lo que le iba a decir su familia cuando lo viera así vestido. Esa sonrisa no tardó en borrarse cuando su madre salió y lo miró con ojos llorosos. Otra vez se corporizó en su mente el lío en que se había metido, pero ya no había vuelta atrás, desertar equivalía a ganarse el pelotón de fusilamiento.
(1) Actual Carlos Pellegrini.
(2) Ese 18 de noviembre, la flota invasora había pasado frente a San Pedro desprendiendo de ella a varias balleneras que penetraron en la laguna con el fin de efectuar un desembarco armado. No lograron su objetivo al ser rechazados a tiros de fusil por un grupo de valientes vecinos comandados por Tomás Obligado.
****************
Capítulo II
RUMBO A OBLIGADO
Eran las cuatro de la tarde cuando el centenar y medio de hombres que se habían concentrado en la quinta de don Isidoro Gutiérrez montaron en sus caballos y enfilaron hacia la Vuelta de Obligado.
Una sorpresiva lluvia comenzó a mojar poco a poco la ropa hasta que ésta empezó a pegarse a la piel, ayudada por la transpiración en ese caluroso y pesado 19 de noviembre. La moral no podía ser peor y el abatimiento era general. Las quejas que se sucedían entre los hombres por la lluvia, la temperatura, los mosquitos, el peso que llevaban encima y la lenta marcha eran fundadas pero también era cierto que ello encubría, sin dudas, el temor a lo que iban a enfrentar en algunas horas más.
Pasando el arroyo Espinillo se toparon con algo que, a medida que se acercaran a su destino, se iba a hacer más habitual. De cada camino salían hombres y más hombres, a caballo o en carretas. Poco a poco empezaron a formar una columna casi constante por lo que el humor fue cambiando.
Con Obligado a un cuarto de legua, el panorama que se abría a la vista de los que llegaban era imponente. Cientos de soldados a lo largo del camino iban y venían, caballos tirando cañones, cajas de provisiones y pólvora apiladas en los costados. Un verdadero hormiguero humano en plena actividad era lo que percibía quien arribaba al lugar.
En José, como en todos, la sorpresa le dejó paso a la algarabía. ¡Nunca vi tantos soldados juntos! Le dijo a quien estaba a su lado. ¡No van a pasar, estos gringos no van a pasar! ¡Miren esos cañones! exclamó otro, “Van a hundir todo lo que pase”. Con euforia y admiración no sacaban los ojos de un cañón que, sobre una cureña y con dos grandes ruedas, se había deslizado sobre una de las márgenes del arroyo “Los Cueros”. Un enojado oficial no paraba de gritar a los hombres que, esforzadamente, trataban de impedir la caída del cañón al agua.
Era la primera vez que veían cañones. Habían oído hablar de ellos pero nunca pensaron que podían ser tan grandes. El ensimismamiento de los flamantes milicianos sampedrinos fue roto por el casi rugido del oficial que, dirigiéndose a ellos les gritó: “¡A ver ustedes, zánganos de mierda, dejen de mirar y ayuden!”. Como un solo hombre fueron a socorrer a los transpirados artilleros que, evidentemente, no podían con el arma.
¡Es el general Mansilla! exclamó alguien. Todos pararon su actividad para tratar de ver al jefe de todas las tropas argentinas. ¡Qué hacen idiotas –rugió de nuevo el oficial- sigan tirando de las sogas que el cañón se nos va a la mierda! (3)
José Moreno y sus compañeros continuaron haciendo fuerza pero con la cabeza levantada tratando de observar al tan mentado Mansilla. Con el enrulado pelo algo largo, uniforme bastante sucio, desaliñado y con botas totalmente embarradas, el general estaba lejos de parecerse al que, en su imaginación, José había creado. En lo que se asemejaba, eso sí, era en su conducta. Dando grandes trancos avanzaba gritando órdenes y más órdenes. Al pasar a su lado vio la escena y con voz potente dijo al oficial ¡Qué hace Thorne! ¡Deje esa tarea a sus hombres y venga a ubicar los otros cañones en posición, carajo! De mala gana el oficial se sumó al grupo que seguía a Mansilla y se dirigieron al poblado. (4)
(3) El audaz, arrogante y genial táctico Lucio N. Mansilla nació en Buenos Aires en 1792. Su decidida actuación en la batalla de “La Vuelta de Obligado” opacó el resto de una destacada vida militar que comenzara en 1806 con la primera invasión inglesa comandada por Beresford, al año siguiente el 2 de junio en los Corrales de Miserere y luego los días 5 y 6 contra las mismas tropas británicas. Cinco años después y con el grado de teniente combatió a los invasores portugueses en la Banda Oriental a las órdenes de Artigas. En esa campaña resultó herido siendo distinguido por el gobierno de Buenos Aires en mérito a su valor.
Ya a las órdenes de José de San Martín instruyó a los regimientos 7 y 11 que se cubrirían de gloria en las batallas de Chacabuco y Maipú. Luego de esta campaña el Libertador lo nombró comandante general de las cordilleras sur de Los Andes, emergiendo de la misma con el grado de mayor y siendo condecorado por el gobierno argentino y por el de Chile que le nombró oficial de la Legión de Mérito y le otorgó una medalla y cordones.
Años después y como comandante de la única fuerza regular que existía en la provincia de Entre Ríos se propuso acercar a la misma a la Confederación Argentina. Ayudado por los representantes provinciales que lo eligieron Gobernador y Capitán General estrechó y afianzó las relaciones con Buenos Aires. Tras esto se embarcó en realizar la tarea de acercar a la provincia de Santa Fe cosa que logró presentándose solo, de noche y desarmado frente al General López al que le declaró no regresaría a Buenos Aires sin haber obtenido la incorporación de dicha provincia. Esta es, quizás, la etapa más brillante del Mansilla político.
En 1821 hizo sancionar solemnemente en Entre Ríos la primera constitución provincial que se dio en la República, coronando su obra al dejar por propia voluntad el cargo de Gobernador a pesar de los reclamos para que continuara, señalando que lo hacía para no sentar un precedente.
En setiembre de 1826, al declararse la guerra con el Brasil, Rivadavia lo nombra comandante general de la costa. Incorporado al ejército de Alvear y al mando de una división, Mansilla participó de la batalla de Camacuá, persiguiendo al enemigo derrotado lo que le valió una recomendación del gobierno argentino. Meses después, y al mando de su poderosa división integrada por unos 1.800 combatientes, derrotó en la batalla del Ombú al general Bentus Manuel quien estaba al frente de la mejor caballería que contaba el imperio hasta entonces. La dispersión de los efectivos brasileños fue tan grande que no pudieron participar de la decisiva batalla de Cutizaingó, el 20 de febrero de 1827. Como reconocimiento Mansilla recibió el nombramiento de Jefe de Estado Mayor.
El inicio de la guerra civil en el país decidió su retiro de la vida militar hasta que, en 1834, el General Viamonte, lo convocó para organizar la policía de Buenos Aires. Realizada esta tarea acomete con necesarias obras de infraestructura en la ciudad como el camino al Riachuelo de La Boca y el muelle del margen.
Con el país desangrándose en la guerra entre federales y unitarios no quiso tomar parte a pesar de ser cuñado de Juan Manuel de Rosas, solo aceptó acompañar al comisionado francés Halley para ofrecerle al general Juan Lavalle, derrotado en Santa Fe y El Quebracho, las garantías suficientes para concluir en una paz duradera.
Entre 1840 y 1844 Lucio N. Mansilla desarrolla una gran actividad política en la Legislatura de Buenos Aires reclamando una y otra vez por los derechos de la República desconocidos y vulnerados por las grandes potencias de la época.
El año 1845 lo halla como comandante en jefe del departamento del norte y en ese cargo plasma en el campo de batalla lo que había reclamado reiteradamente en la Legislatura, el respeto por los derechos soberanos de la nación, el lugar: La Vuelta de Obligado.
Acevedo, San Lorenzo y el Quebracho son los encuentros que vuelve a tener con los anglofranceses.
Después de 1852 Mansilla se retira a Francia donde colabora con la diplomacia argentina, entrevistándose con los integrantes de la corte de Napoleón III y encontrándose en más de una oportunidad departiendo con varios de los generales franceses con los que se enfrentó en Obligado, San Lorenzo y El Quebracho.
Vuelto a nuestro país se retiró a la vida privada. Su deceso ocurrió el 10 de abril de 1871, previamente se hizo construir su propio ataúd y se tomó el tiempo para pedirle a un empleado fúnebre que, cuando llegara el momento no le colocaran una almohada tan baja como se hacía habitualmente, que le hiciera quedar la cabeza a la misma altura del tronco.
A su entierro no concurrieron las autoridades de la República. Comenzaba el olvido premeditado de la figura del general Lucio N. Mansilla y de una extraordinaria epopeya llamada “Batalla de la Vuelta de Obligado”.
(4) Si hay alguien que se cubrió de gloria ese 20 de Noviembre de 1845 en la “Vuelta de Obligado” es el coronel de marina Juan Bautista Thorne, quien naciera en Nueva York el 8 de marzo de 1807. En el año 1825, en su tercera visita a Buenos Aires, fue invitado por el gobierno argentino a formar parte de la incipiente escuadra nacional. Thorne acepta y dos años después se lo designa como oficial del bergantín Chacabuco. En esta nave participa de la Gesta de Patagones, en el marco de la guerra que nuestro país sostenía contra el Imperio del Brasil. En dicha batalla abordó valientemente a la nave brasileña “Itaparica” y personalmente arrió el pabellón imperial colocando el argentino.
A partir de ahí son innumerables las acciones bélicas en las que Thorne participa pero es en la “Vuelta de Obligado” donde su nombre se convierte en un símbolo de la resistencia a ultranza, mostrándose con un coraje sin límites. Desde el inicio de la batalla no se movió de su lugar, el parapeto ubicado a pocos metros de la batería “Manuelita” que estaba a sus órdenes, desde ahí guió el tiro de los cañones bajo el infernal fuego de la artillería naval anglofrancesa. Con la batalla ya decidida y con las tropas argentinas retirándose bajo la presión de las fuerzas enemigas desembarcadas, Thorne desoyó en dos oportunidades el pedido del General Lucio Mansilla para que suspendiera el fuego y se retirara recibiendo como respuesta: “que sus cañones le imponían hacer fuego hasta vencer o morir”. Si bien afortunadamente no murió, las consecuencias de estar tanto tiempo expuesto al estampido cercano de los cañones de “La Manuelita”, según algunos, o de ser alcanzado por una explosión, según otros, terminaron por hacerle perder el oído, quedando en la historia como el “Sordo de Obligado”.
*********************
Capítulo III
VISPERA
Con el cañón nuevamente sobre el camino y suponiendo que ya solo faltaba esperar a que los barcos enemigos aparecieran por el río, José y cuatro de sus cansados compañeros, bajo una lluvia que no había amainado en ningún momento, comenzaron a caminar lentamente. Lo hicieron bordeando “Los Cueros” en dirección contraria al río Paraná y poniendo distancia de cualquier otra solicitud de ayuda que significara “poner el lomo”.
Notable, ¿no? De los cinco, salvo uno que era empleado de un almacén en el pueblo, todos eran trabajadores rurales y sus tareas habituales solían ser bastante más agotadoras que empujar un cañón durante diez minutos, es decir que no eran personas que sacaran el cuerpo cuando de esfuerzo físico se trataba. Estaba claro que para ninguno de los peones lo que estaba por suceder resultaba más importante que la cosecha que debían levantar y otros quehaceres del campo que habían dejado inconclusos, sin embargo, y a pesar de la poca información que tenían, tampoco les resultaba agradable permitir sin más el paso de barcos enemigos que ponían en riesgo a la nación recién independiente.
Pero a medida que profundizaban la charla, José se fue percatando que la incorporación de los demás al ejército había sido muy distinta a la suya. El diálogo amable que el oficial había sostenido con él no se había repetido en los otros casos. La razón aparecía muy clara. El era hijo del propietario del campo, un productor muy conocido en el pueblo y alrededores. El resto, simples peones rurales y el empleado de almacén, fueron reclutados compulsivamente. Los oficiales encargados del reclutamiento se limitaban simplemente a preguntarle a cada propietario de campo, hacienda, chacra o quinta cuántos peones tenía y según la respuesta decidían, si eran diez se llevaban tres, si eran veinte la leva alcanzaba a seis, y no había pataleo alguno que valiera.
Así pasaron los cinco poco menos de una hora conversando alternadamente sobre ingleses, el trigo, los arados, los barcos, los franceses, cómo facturar un cerdo y la posibilidad de hacerlo con el teniente que los reclutó. Pero ocurrió que, al irse alejando poco a poco del hormiguero humano, el quinteto fue más visible para los activos oficiales que intentaban poner un poco de orden en ese caos de hombres, caballos, armas y pertrechos.
-¡Soldados!- El grito los paró en seco.
-¿Qué están haciendo?-
-¡…!-
El silencio fue suficiente respuesta para el oficial que tomó a uno del brazo haciendo que el resto lo siguiera. Caminaron un buen trecho en dirección al río, fueron pasando alguno que otro ranchito y llegaron hasta el borde de la barranca. Por un sendero que a los peoncitos devenidos en soldados les pareció a pique bajaron dificultosamente hasta el pie de la barranca. Lo de bajar es una manera de decir porque la húmeda tosca hizo que descendieran poco menos que por un tobogán. Ya abajo, luego de caminar algunos metros y tras pasar un recodo, se hallaron frente a una monstruosa boca que parecía devorar a una hilera de hombres que, con todo tipo de elementos, se perdía en su interior.
-Desde este momento los tengo afectados a tareas de logística- bramó el oficial, dirigiéndose acto seguido a uno de los soldados que se hallaban trabajando entre pilas de cajones y bolsas.
--¡Cabo!- Aquí tiene más hombres, ahora no hay más excusas- Le rugió.
¡Vamos caminen zánganos! Fueron las primeras y las más amables palabras que les dedicó el cabo esa tarde.
Minutos después, y ya con el torso descubierto, los cinco se habían sumado a una nutrida fila de soldados que llevaban cajones y cajas con municiones y pertrechos hasta el interior de una enorme cueva.
-Es “La Salamanca”- Les informó uno de los soldados que, si bien no era del lugar, solía pescar seguido por la zona y utilizaba una de las varias cuevas existentes para quedarse por las noches. (5)
-Ahora que rajaron a los indios uno puede venir a quedarse –continuó- Antes no porque las usaban para vivir-. (6)
Poco a poco la luz del día fue decayendo y tanto José como sus compañeros tuvieron que regresar hasta donde estaba su unidad. Brindadas las explicaciones a sus superiores por las horas en que estuvieron alejados del cuerpo y asimilado ya el nuevo reto recibido se sumaron a los 165 efectivos y se dirigieron hasta un puesto donde les fue entregada una doble ración de munición y una botella de ginebra a cada uno.
-Si quieren caminen un kilómetro tierra adentro y hagan algunos disparos así conocen las armas- Les dijo el gordo de barba que les entregaba las cosas- No se hagan problemas, balas y ginebra hay de sobra –completó.
Recién ahí se percató José que, desde el momento en que les fueron entregadas las armas, jamás les habían hecho hacer un disparo. Su amigo, el empleado de almacén del pueblo, le aclaró que él y sus compañeros sí habían tirado unos tiritos antes de salir. Pero, a pesar de ello, decidió no ir, estaba casi oscuro, seguía lloviendo y se hallaba muy cansado por el trabajo en “La Salamanca”. Cuando los que habían decidido ir a tirar volvieron ya era noche cerrada, ahí terminó de convencerse de lo acertado de su decisión.
-No había a qué tirarle- -No se veía nada- -Ni una puta comadreja había- Fueron algunas de las quejas esgrimidas por los hombres que habían ido a probar los fusiles.
Hacía ya muchos días que los escasos pobladores de la Vuelta de Obligado se habían ido junto a las familias de indios que vivían en la zona de la desembocadura del arroyo “Los Cueros”, “aconsejados” por las autoridades militares. Las pocas gallinas y animales domésticos que quedaron pronto se transformaron en las primeras víctimas fatales de la inminente batalla. Metidos en las ollas con agua hirviendo no tuvieron el final glorioso que les esperaba a muchos de los hombres que los saborearon.
La caída de la noche no hizo disminuir en nada el agobiante calor. Desde su lugar en el campamento y gracias a una pequeña elevación, José podía ver las innumerables fogatas donde se preparaba la abundante cena que se había ordenado dar a los soldados, por supuesto, bien surtidos con ginebra.
Contra lo que podría pensarse el humor era inusitadamente bueno y las risas se oían con frecuencia a pesar de lo que se avecinaba en horas más. Aún así no se podía atribuir a la bebida la exaltación de los ánimos que se observaba en general. Más bien era una alegría y entusiasmos originados en la mezcla que traía la ansiedad, los nervios y, por que no, la idea que estaban ante un día que sería histórico, un día donde el joven país daría una lección a las dos grandes potencias de la época. Se había podido contra España y la independencia era un hecho y se había podido también contra Inglaterra en 1806 y 1807 ¿por qué no se iba a poder ahora contra Francia e Inglaterra?
No sabían que no iba a haber victoria y no eran concientes tampoco que muchos de ellos no estarían vivos en las siguientes 24 horas. Donde no erraban era que pasarían a la historia, que escribirían con sangre un capítulo del gran libro del país, cosa que hoy, a los argentinos, nos debería enorgullecer como nunca.
(5) “La Salamanca” es una de las numerosas cuevas existentes al borde del río Paraná entre la “Vuelta de Obligado” y la ciudad de Ramallo. La citada es una de las de mayor envergadura y profundidad, estando formada por la erosión del río a través del paso del tiempo. Curiosas leyendas teñidas por lo misterioso se tejieron durante décadas en torno a esta caverna. Hasta bien entrado el siglo XX habitó gente en su interior.
(6) Entre el año 2000 y el 2006, docentes y alumnos de arqueología de la Universidad de Luján efectuaron varios trabajos de campo en el lugar histórico confirmando, a través del hallazgo de cerámica indígena, la presencia de varias familias aborígenes que vivieron ahí hasta que las autoridades militares y civiles encargadas de la fortificación del lugar las desplazaron allá por agosto de 1845.
lunes 31 de agosto de 2009
Carta de la Multisectorial a Daniel Scioli
Sr. Gobernador de la
Provincia de Buenos Aires
Daniel Scioli
S____/___ D
De nuestra mayor consideración:
Por la presente nos dirigimos a Ud. a los efectos de solicitarle un urgente pedido de audiencia, a fin de dar tratamiento a la crítica situación que atraviesa el sector frutihortícola de San Pedro.
En el relevamiento realizado por la Mesa Multisectorial local, integrada por la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (U.A.T.R.E.), el Sindicato de Embaladores, Descartadores y Alambradores (S.E.D.A.), la Asociación de Ingenieros Agrónomos de la Costa Norte Bonaerense (ASIACONB), el INTA San Pedro, la Cámara de Productores y Empacadores (CAPROEM), la Federación Agraria Argentina Filial San Pedro, la Sociedad Rural San Pedro, el Instituto Nacional de Semillas (INASE), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), el Instituto de la Pequeña Agricultura Familiar (IPAF), la Cámara de Microproductores de San Pedro (CAMISAP) y la Municipalidad, se da cuenta de la desaparición de 280.000 plantas de cítricos y duraznos desde el inicio de 2008 a la fecha.
Dichas plantaciones demandaban aproximadamente 57.000 jornales anuales por labores de cosecha y galpones de empaque, lo que traducido en términos económicos representa una pérdida de $ 4.500.000 anuales en concepto de remuneraciones. Ello sin contabilizar la tareas conexas y previas a la cosecha, que también demandan un gran cantidad de jornales. Las proyecciones estiman, además, un desmonte de 15.000 plantas mensuales, llevando la situación a un extremo de gravedad inusitada.
El correlato social de esta situación es un alto impacto para la ciudad y la región, generando altas tasas de desempleo, y el lógico incremento de los índices de pobreza e indigencia, y el consiguiente traspaso a la exclusión de un amplio sector de la población, además de las consecuencias directas sobre la economía local.
Es por ello, y ante la gravedad de los hechos, que como representantes políticos e institucionales de la ciudad y el sector, solicitamos una rápida instrumentación de políticas públicas, que eviten que la fruticultura retroceda hasta desaparecer, y que permitan reparar el enorme daño social que está ocasionando.
Sin más y esperando contar con su compromiso como máximo responsable político de la Provincia, quedamos a vuestra disposición para encontrar las urgentes soluciones que tan apremiante situación merece.
Mesa Multisectorial de San Pedro
Provincia de Buenos Aires
Daniel Scioli
S____/___ D
De nuestra mayor consideración:
Por la presente nos dirigimos a Ud. a los efectos de solicitarle un urgente pedido de audiencia, a fin de dar tratamiento a la crítica situación que atraviesa el sector frutihortícola de San Pedro.
En el relevamiento realizado por la Mesa Multisectorial local, integrada por la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (U.A.T.R.E.), el Sindicato de Embaladores, Descartadores y Alambradores (S.E.D.A.), la Asociación de Ingenieros Agrónomos de la Costa Norte Bonaerense (ASIACONB), el INTA San Pedro, la Cámara de Productores y Empacadores (CAPROEM), la Federación Agraria Argentina Filial San Pedro, la Sociedad Rural San Pedro, el Instituto Nacional de Semillas (INASE), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), el Instituto de la Pequeña Agricultura Familiar (IPAF), la Cámara de Microproductores de San Pedro (CAMISAP) y la Municipalidad, se da cuenta de la desaparición de 280.000 plantas de cítricos y duraznos desde el inicio de 2008 a la fecha.
Dichas plantaciones demandaban aproximadamente 57.000 jornales anuales por labores de cosecha y galpones de empaque, lo que traducido en términos económicos representa una pérdida de $ 4.500.000 anuales en concepto de remuneraciones. Ello sin contabilizar la tareas conexas y previas a la cosecha, que también demandan un gran cantidad de jornales. Las proyecciones estiman, además, un desmonte de 15.000 plantas mensuales, llevando la situación a un extremo de gravedad inusitada.
El correlato social de esta situación es un alto impacto para la ciudad y la región, generando altas tasas de desempleo, y el lógico incremento de los índices de pobreza e indigencia, y el consiguiente traspaso a la exclusión de un amplio sector de la población, además de las consecuencias directas sobre la economía local.
Es por ello, y ante la gravedad de los hechos, que como representantes políticos e institucionales de la ciudad y el sector, solicitamos una rápida instrumentación de políticas públicas, que eviten que la fruticultura retroceda hasta desaparecer, y que permitan reparar el enorme daño social que está ocasionando.
Sin más y esperando contar con su compromiso como máximo responsable político de la Provincia, quedamos a vuestra disposición para encontrar las urgentes soluciones que tan apremiante situación merece.
Mesa Multisectorial de San Pedro
viernes 21 de agosto de 2009
Reunión de Foros de Seguridad: las bases de la nota que recibirá Scioli
Marisa Garcia, secretaria del Foro, sostuvo que “se decidió confeccionar un borrador de una carta abierta dirigida al Gobernador Daniel Scioli con propuestas para la construcción de políticas de seguridad”.
El próximo jueves se realizará en nuestra ciudad otro encuentro de las mismas características, en donde se incluirán en el documento las problemáticas particulares de cada ciudad. El 2 de Septiembre se terminará la redacción del documento y se pondrá a consideración de la población para que adhieran con su firma antes de ser enviado al gobierno de la provincia de Buenos Aires.
Entre los temas tratados anoche se encuentran el proyecto para la creación de un centro de contención de menores en conflicto con la ley y problemas de adicciones, la institucionalización del 911 en la región y la creación de delegaciones de la Policía Judicial para acelerar los tiempos de las pericias.
El primer borrador del documento, que será luego complementado y corregido, indica que las comunidades representadas por esos foros “están conviviendo con un marco de falta de seguridad; en un cuestionable estado de derecho, donde la justicia es tan lenta e ineficiente que parece estar en connivencia con la impunidad”.
A continuación sostienen que “ante tan especial coyuntura, que no condice con nuestro espíritu democrático ni con nuestra filosofía de vida es que pretendemos reencauzar este estadío, oprobioso para los bonaerenses, hacia un ámbito en donde podamos convivir en paz”.
El documento señala que “el delito, como la violencia, es un fenómeno multicausal, que supera la mera concepción de la respuesta policial” y menciona “el abandono de políticas públicas específicas, efectivas, eficientes y de sentido común desde el estado provincial frente al involucramiento de nuestros jóvenes adolescentes en la comisión de delitos violentos”.
Uno de los puntos centrales está referido, justamente, a la situación de los adolescentes en conflicto con la Ley: “Así como nos preocupa la “impunidad” con la que actúan nuestros jóvenes adolescentes en conflicto con la ley penal, más nos preocupa, justamente, la falta o ausencia de herramientas y dispositivos capaces de ir al rescate de quienes conforman la franja etaria más vulnerable de nuestra comunidad. Y en consecuencia se responda a las demandas realizadas por las víctimas de este tipo de conductas”.
La Justicia
El documento establece también que “muchos jueces pecan por inoperantes y todos sabemos que no hay justicia sin buenos magistrados” solicitando al Gobernador que “se ponga al frente para promover un Estado de Derecho que nos garantice la Seguridad Jurídica, con un sistema efectivo que esté basado en la eficiencia, independencia, transparencia y credibilidad sin discriminación alguna”.
En materia judicial, se reclaman varios puntos, que van desde la transparencia en los métodos de designación de jueces y fiscales hasta un plan integral en diversos plazos que incluya prevención, modernización, definitiva adecuación del sistema acusatorio, la implementación correcta de la investigación científica, la promoción de métodos rápidos para la solución de conflictos y un mejoramiento del sistema carcelario.
La legislación vigente, tantas veces cuestionada, tiene varios párrafos en el documento. “Es nuestro deseo que se fomente que los códigos y leyes adopten mayores precisiones en su redaccion para cumplir con el espíritu y el sentido que motivó su promulgación, evitando así interpretaciones diferentes y ambiguas de las mismas y que no plasman el destino que fomentó dicha creación”. En el mismo sentido, expresan que “los verbos infinitivos, los términos indefinidos o los giros que plenamente no determinen la idea, deben sustraerse de las redacciones para evitar disparidad de apreciaciones, ya que puede conducir veredictos distintos”.
La policía
El documento, que no tiene la única intención de peticionar sino también la de analizar el actual funcionamiento de los organismos del estado, se dedica en uno de sus apartados a la policía.
“Hoy se pacta otra vez con la policía para controlar su territorio. También se consulta demasiado a los intendentes o a los políticos locales y nada a las asociaciones civiles de reconocida participación ciudadana para efectuar designaciones o elaborar estrategias” expresan.
Profundizando el mismo concepto, expresan: “Nada mejor para fomentar corporaciones de índole mafiosa y reservorio ideal para crear nuevos ejes de la inseguridad ciudadana. La connivencia entre la policía y el poder político local conlleva al establecimiento de conductas reñidas con la moral, buenas costumbres, normas de convivencia equilibradas entre la participación comunitaria, y el desempeño de las fuerzas de seguridad”.
Además, piden que “la fuerza policial recupere su prestigio y su reconocimiento institucional, para que desde la ubicación que le corresponda pueda ejercer su cometido, bajo el mando civil, porque es una fuerza civil, respetando y haciéndose respetar, y tal como corresponde, desarrolle sus funciones en una sociedad organizada como pretendemos se transforme la nuestra, para que primordialmente la población se sienta protegida y vuelva a confiar en su policía”.
Para ello, sostienen los foros de las cuatro ciudades de la zona “esta institución no deberá controlarse a si misma, como lo hace actualmente, sino que deberá ser subrogada a los organismos de contralor como cualquier otra entidad gubernamental”.
En relación a las necesidades de las fuerzas de seguridad, señalan: “Hemos constatado la falta de material específico y herramientas legales para que puedan cumplir su función con eficacia; también solicitamos que el desempeño de la profesión sea retribuido económicamente con salarios dignos”. Además, piden que “se rediseñen pautas claras entre los límites de la actuación y de responsabilidad de la acción policial, determinando que funciones debe cumplir para prevenir el delito”.
Conclusiones
Las conclusiónes del documento son las siguientes:
“Una policía honesta, bien paga, que inspire confianza y no temor, como se ve reflejada actualmente”.
“Que la justicia sea ágil, rápida, veraz y concreta en el esclarecimiento de los hechos delictuales, con el consabido castigo a los verdaderos culpables y no a los “perejiles” al solo efecto de satisfacer estadísticas policiales y/o judiciales”.
“La presente, lejos de ser una crítica estéril a su gestión de gobierno en lo atinente a la preservación de los derechos inalienables que tenemos los ciudadanos, es un petitorio formal a que cumpla con lo que aquí demandamos, porque somos los ciudadanos los que detentamos su poder”.
“Por esta razón le proponemos comenzar a trabajar en consecuencia juntos, para construir un mejor futuro, sin distinciones político-partidaria, con la voluntad de fomentar la idiosincrasia del ser ciudadano bonaerense y la irrenunciable convicción de reivindicar los preceptos que significan dignificar la vida, para que merezca ser vivida en libertad y con la protección de las condiciones de equidad que, como seres humanos nos corresponden, sin discriminaciones ni otros condicionamientos que no sena respetar y preservar los derechos de nuestros semejantes como si fueran propios”.
miércoles 19 de agosto de 2009
Caso Rojas: la sentencia
La sentencia determina, además, la inhabilitación para tener y portar armas de fuego e inhabilitación especial complementaria para desempeñarse como funcionario policial.
El fallo redactado por la Dra. María Belén Ocaris y al que adhirieron sus pares Regina Cucit y Eduardo Ramos establece los siguientes como hechos probados en la causa:
“El 21 de Diciembre de 2005, alrededor de las 2.30 de la madrugada, el sargento Luis Angel Castañarez, junto a otros funcionarios policiales, concurrió a la esquina de Padre Santana y 3 de Febrero –donde se encontraba la panadería “La Nueva Venus”- con motivo de un llamado telefónico que había dado aviso de la existencia de personas que caminaban sobre los techos de las viviendas de esa zona. En dichas circunstancias, Castañarez ascendió a los techos del comercio y, advirtiendo la presencia de dos personas en los tapiales cercanos, desde esa zona efectuó un disparo con su arma de fuego hacia donde se encontraba Gonzalo Nicolás Rojas, que recibió el disparo en su espalda. Lesionado mortalmente, la víctima descendió a la calle y corrió por la avenida 3 de Febrero hasta calle Thorne, donde cayó, falleciendo por un shock hipovolémico por un paro cardiorrespiratorio, como consecuencia del disparo recibido”.
Sobre la autoría de Castañares, la sentencia explica que “Castañarez era el único funcionario policial que se encontraba sobre el techo de las viviendas de la esquina (Llul, Monasterio y Tarragó habían quedado en la vía pública) y por ende el único con posibilidades de alcanzar a Rojas –que se encontraba en la zona interna de la manzana- con su disparo”.
El fallo también se basa en las declaraciones de los otros policías. Sergio Tarragó no tenía balas en la recámara de su arma, Diego Monasterio y Hugo Llul coinciden en señalar que el segundo efectuó disparos al aire cuando Rojas escapaba por la calle, y que en ningún momento apuntó al joven.
Entre las consideraciones que la sentencia remarca, el Tribunal explica que “no puede dejar de remarcarse que recién cuando se ordenó el secuestro de su arma Castañarez hizo saber al Comisario Peralta que había efectuado un disparo, circunstancia que ocultó antes al personal policial y al ministerio fiscal”. También se mencionan “las llamativas modificaciones a su declaración inicial, incorporada por lectura al debate, agregando que la linterna que usaba se había roto y sólo contaba con una de tamaño pequeño, agregando que en el lugar había poca luz”.
El dolo
Para los Jueces, el accionar doloso surge de varias circunstancias: “El imputado vio a los dos sujetos en el tapial, fue hacia donde tenía contacto visual con sus compañeros y les avisó, y volvió a la zona del techo en donde los había visto, efectuando en ese momento el disparo mortal. Podría haber optado por otras conductas: llamar a otro móvil pidiendo apoyo –lo dijo en el debate el entonces segundo jefe departamental López Murillo-, pedir apoyo de sus restantes compañeros, esperar a que los sujetos bajaran y aprehenderlos con la colaboración de sus compañeros, resguardarse en la obra en construcción. No lo hizo, y –aún con la experiencia de varios años que él mismo refirió- e intentando justificar el accionar en que se trataba de un procedimiento de alto riesgo, como él lo expresó textualmente durante el debate “desenfundó el arma, la montó y apuntó”. Queda responder hacia donde apuntó, y la respuesta es obvia, hacia donde se encontraba la víctima, contra la que disparó con la intención de lesionar, y con el resultado letal ya conocido”.
Otro de los puntos que fueron expuestos por la defensa (que la víctima no pudo correr el trayecto desde la zona del disparo con la herida provocada por el arma de Castañarez) fue desmentido por el perito Dr. Gagliardo, quien expresó que –al haberse lesionado el aparato respiratorio- el occiso fue perdiendo sangre pero no a gran presión, y pudo recorrer esa distancia usando el pulmón que no había sido herido.
El mismo perito indicó que el proyectil no rebotó, ya que si así hubiera ocurrido el orificio de ingreso hubiera sido irregular y no tan perfecto como él lo describió. Por eso, ingresó directamente en la espalda de Rojas. Esa afirmación niega la declaración de Castañares, que dijo haber disparado hacia otro sector distinto al lugar en donde se encontraba la víctima.
Los atenuantes tenidos en cuenta son la falta de antecedentes penales condenatorios y el buen concepto del que goza el acusado. Los agravantes son “el empleo de un arma de fuego contra una persona desarmada, en evidente dispararidad de poder ofensivo”. Asimismo, “la calidad de funcionario público, como integrante de la policía de la provincia, reñida con el hecho por él cometido”.
jueves 16 de julio de 2009
Consejos del Comité de Crisis Sanitario
El Comité de Crisis Sanitario informa que se ha decidido normalizar el funcionamiento de las actividades.
Esto se hace por dos razones: la primera es que suspendimos actividades por mas del doble del período de incubación que es lo aconsejado y la otra porque llegaron recomendaciones del ministerio en ese sentido.
Hay que tener claro que la epidemia no terminó. Hay una situación de baja de consultas tanto en adultos como en menores pero el peligro sigue latente.
Es por ello que se pide a la población en general que asuma la responsabilidad de la situación de epidemia que estamos viviendo, es por eso que recomendamos:
1) No concurrir a lugares cerrados donde hay aglomeración de personas.
2) No llevar a los menores con cuadros respiratorios (mocos, tos, etc) o cuadros febriles a lugares (guarderías, peloteros, cumpleaños, etc) donde esté en contacto con menores sanos, aíslelo en su casa.
3) Lo ideal sería no festejar los cumpleaños tanto de menores como adultos.
4) Si tiene cuadro febril no salga de su casa.
5) No permita que los adolescentes concurran a lugares cerrados (confiterías, bailes, cumpleaños etc)
6) No concurra a piletas climatizadas aun con equipos de filtrados de aire u ozonisadores ya que no hay trabajos que demuestren que son efectivos contra el virus H1N1.
7) No viaje, el colectivo es un excelente ambiente para facilitar el contagio de la gripe.
8) No concurra al médico por las dudas o para hace controles de rutina, si es posible hágalo en su domicilio, (se hacen análisis a domicilio)
9) Es cierto que disminuyendo la densidad de las mesas en los bares disminuye la posibilidad de contagio, pero aun así no es inevitable el mismo.
10) Todo empresario que tenga una actividad que signifique aglomeración de personas, tiene que saber que es en esos lugares donde se facilita la transmisión del virus. Tiene que tomar medidas de prevención, a la brevedad se les hará llegar las mismas.
11) En una semana o antes si al situación lo amerita el Comité de Crisis se va a reunir nuevamente para evaluar la situación
COMO DEJIMOS EN UN PRINCIPIO
TODOS EN SAN PEDRO CADA UNO EN SU CASA
Esto se hace por dos razones: la primera es que suspendimos actividades por mas del doble del período de incubación que es lo aconsejado y la otra porque llegaron recomendaciones del ministerio en ese sentido.
Hay que tener claro que la epidemia no terminó. Hay una situación de baja de consultas tanto en adultos como en menores pero el peligro sigue latente.
Es por ello que se pide a la población en general que asuma la responsabilidad de la situación de epidemia que estamos viviendo, es por eso que recomendamos:
1) No concurrir a lugares cerrados donde hay aglomeración de personas.
2) No llevar a los menores con cuadros respiratorios (mocos, tos, etc) o cuadros febriles a lugares (guarderías, peloteros, cumpleaños, etc) donde esté en contacto con menores sanos, aíslelo en su casa.
3) Lo ideal sería no festejar los cumpleaños tanto de menores como adultos.
4) Si tiene cuadro febril no salga de su casa.
5) No permita que los adolescentes concurran a lugares cerrados (confiterías, bailes, cumpleaños etc)
6) No concurra a piletas climatizadas aun con equipos de filtrados de aire u ozonisadores ya que no hay trabajos que demuestren que son efectivos contra el virus H1N1.
7) No viaje, el colectivo es un excelente ambiente para facilitar el contagio de la gripe.
8) No concurra al médico por las dudas o para hace controles de rutina, si es posible hágalo en su domicilio, (se hacen análisis a domicilio)
9) Es cierto que disminuyendo la densidad de las mesas en los bares disminuye la posibilidad de contagio, pero aun así no es inevitable el mismo.
10) Todo empresario que tenga una actividad que signifique aglomeración de personas, tiene que saber que es en esos lugares donde se facilita la transmisión del virus. Tiene que tomar medidas de prevención, a la brevedad se les hará llegar las mismas.
11) En una semana o antes si al situación lo amerita el Comité de Crisis se va a reunir nuevamente para evaluar la situación
COMO DEJIMOS EN UN PRINCIPIO
TODOS EN SAN PEDRO CADA UNO EN SU CASA
viernes 10 de julio de 2009
Propuestas de aprendizaje de la Dirección General de Escuelas
Ante la suspensión de clases como medida de prevención para evitar el contagio de la gripe A H1N1, la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, a través de la Dirección de Educación Primaria, diseñó una serie de propuestas de aprendizaje para los alumnos en el espacio del hogar.En ese sentido, el titular de la cartera educativa, Mario Oporto, manifestó que "el objetivo de las propuestas es que los chicos no queden aislados del aprendizaje" durante las próximas semanas, y consideró que "si los padres se comprometen y convencen a sus hijos de leer dos horas por día, estaríamos ante un avance; si los que necesitan practicar matemática, lo hacen, estamos también ante un avance; y si los que ven televisión o navegan en Internet, miran programas educativos, también va a ser mucho mejor".
El responsable del área de Educación del Gobierno provincial recomendó mantener "cierta disciplina en el hogar" para que "los chicos sepan que dos, tres o cuatro horas por día, o dos horas a la mañana y dos horas a la tarde no se juega, no se mira cualquier programa de televisión, sino que se lee o se practican ejercicios de acuerdo a la edad, se estudia o se mira televisión educativa, o se combinan esas cosas".
"Sabemos que la prioridad es que los alumnos tengan clases y a esa prioridad lo único que la puede reemplazar como prioridad es el cuidado de la salud. Hemos tomado una medida drástica, difícil, de suspender las clases por dos semanas, previas a las vacaciones, y empalmar con las vacaciones (de invierno), para tener la posibilidad de evitar la cadena más fuerte de contagio, que es el aula. Pero hay que tener conciencia que esto no es una vacación, o sea que no es festividad, sino que es una emergencia", sostuvo Oporto.
Según las distintas áreas de la educación, las propuestas educativas son las siguientes:
Lengua
Retirar libros de la escuela y compartir la lectura en familia, que algún adulto lea con los niños y leer algunos textos literarios tomados de los manuales escolares.
Jugar al Tutti fruti, al Scrabbel (especialmente recomendado para quienes están aprendiendo a escribir).
Para los que tengan acceso a Internet, se recomiendan los siguientes sitios para leer textos para niños o para realizar juegos didácticos:www.chicosyescritores.org;www.imaginaria.com.ar, www.educared.org.ar/comunidades/tamtam;www.rompecocos.com; del escritor Luis Maria Pescetti: www.luispescetti.com; Paka paka: http://www.pakapaka.gov.ar/pakapaka.
En cuanto a programas de televisión, se plantea ver el programa "Permitido estacionar", que se emite por Canal 7, de lunes a viernes en dos segmentos: de 9,30 a 10,30, Permitido preescolar, que presenta una programación para chicos de hasta seis años; y de 16 a 19, segmentos orientados a chicos de siete a 14 años. En el canal de cable Encuentro se exhibe "Paka paka" en distintas franjas horarias.
Además se puede apelar a actividades cotidianas que pueden convertirse en un interesante aporte educativo, como copiar recetas para armar el recetario preferido; ayudar a escribir la lista de compras, leer y tachar lo que se va comprando (para los más chicos); escribir el diario personal; armar un cancionero: copiar títulos –para los más pequeños- o letra completa de las canciones que les gustan; hacer el seguimiento en la prensa de una noticia (por ejemplo, la gripe A H1N1): recortar de los periódicos, tomar nota de los noticieros.
Asimismo, se plantea la lectura de libros de los que se hicieron películas y, además, ver películas basadas en libros infantiles, como, por ejemplo: Matilda; Las Brujas (la película se llama La Maldición de las Brujas); Charlie y la fábrica de chocolate, todas ellas de Roald Dahl. También, La historia interminable (se llama La historia sin fin), de Michael Ende; Corazón de Tinta, de Cornelia Funke. También armar historietas a partir de situaciones o personajes de su interés.
Matemática
Sobre las actividades de estudio se propone un primer tipo de tareas orientadas a que los alumnos estudien, repasen y recuperen los contenidos que se trabajaron durante la primera parte del año. Se trata que vuelvan a mirar lo realizado en sus carpetas y cuadernos, con el propósito que tomen conciencia de lo aprendido.
Algunas de las consignas que se pueden proponer a los niños, en este sentido, son: confeccionar un listado de los temas aprendidos hasta ahora; para cada uno, escribir un problema que les haya resultado fácil y otro que les haya parecido difícil. Escribir para cada uno por qué les resultó fácil o difícil y explicar de qué manera se pueden resolver los fáciles y de qué manera los difíciles.
Volver a leer todos los problemas que se resolvieron y armar grupos de problemas parecidos. Explicar en qué se parecen. Consultar todos los problemas que resolvieron e inventar una evaluación que tenga un problema de cada tipo para luego resolverla.
Además, se proponen actividades para la resolución de problemas que consisten en tomar un contenido del diseño curricular y seleccionar, para proponer a los niños, un conjunto de problemas entre los que se indican como ejemplos.
El objetivo de estas actividades no es que los niños realicen nuevos aprendizajes, sino que reutilicen los conocimientos adquiridos. Por ejemplo, para el siguiente contenido de 4° año: "Resolver problemas que involucran distintos sentidos de la suma y la resta, identificando cuáles son los posibles cálculos que los resuelven".
En el diseño curricular se proponen problemas en los que el valor desconocido se encuentra al principio. Ejemplo: en una escuela se realizó una campaña de donación de libros para mejorar la biblioteca. Se donaron 347 libros, y ahora la biblioteca cuenta con 958 ejemplares. ¿Cuántos libros tenía la biblioteca antes de la colecta?
Problemas en los que ocurren varios cambios. Ejemplo: Julieta colecciona monedas. Para su cumpleaños, su abuelo le regaló 15 y su hermano le regaló otras seis. Como tenía algunas repetidas, Julieta le regaló 20 a una amiga que también colecciona monedas. ¿Cómo cambió la colección de monedas de Julieta? ¿Le quedaron más monedas o menos monedas que antes de su cumpleaños? ¿Cuántas más o cuántas menos?
Problemas para calcular la diferencia entre dos números. Ejemplo: Juana nació en 1983. ¿Cuántos años cumplirá en 2020?
En cuanto a la actitud que los padres deberán asumir para apoyar a sus hijos en la resolución de estas actividades, se recomienda:
-Dar confianza y estímulo a los niños para realizar las actividades.
-Considerar los modos de resolver que los niños han trabajado en clase bajo la orientación del maestro, sin forzarlos a emplear sus procedimientos de adulto.
-En caso de no estar seguros de cómo ayudarlos a resolver algún problema o responder alguna duda, proponer a los niños que realicen el trabajo como puedan, que anoten sus preguntas y las lleven a clase para discutirlas con sus compañeros y maestro.
-Jugar con los niños a la escoba (de 10, de 15) con cartas, a inventar cuentas fáciles y difíciles para resolver oralmente o con lápiz y papel.
Ciencias Naturales
Para el Primer Ciclo se propone que los chicos busquen y recorten cinco imágenes en diarios, revistas o en Internet de acciones individuales o colectivas que ayuden a protegerse de la gripe A, y otras cinco que pueden provocar la enfermedad.
También que lean en el sitio de Internet
http://abc.gov.ar/lainstitucion/sistemaeducativo/educprimaria/default.cfm cómo se deben lavar las manos para evitar contraer la gripe A y qué otras enfermedades se pueden contraer con las manos sucias.
Finalmente, con las imágenes recolectadas, que confeccionen un folleto o un afiche informativo sobre la gripe A y cómo prevenirla.
En cuanto a los alumnos de Segundo Ciclo, se sugiere que busquen información sobre la gripe A en revistas, diarios o en el siguiente sitio de Internet http://abc.gov.ar/lainstitucion/sistemaeducativo/educprimaria/default.cfm, y luego que respondan:
a) ¿Por qué la gripe A es una pandemia?
b) ¿Hubo antecedentes de esta enfermedad?
c) ¿Cómo se contagia la gripe A?
d) ¿Cuáles son los síntomas de esta enfermedad?
e) ¿Cuáles son las medidas preventivas más importantes para evitar la infección?
Con la información anterior pueden elaborar un artículo periodístico que informe sobre esta enfermedad. Pueden utilizar imágenes, suponer que realizan una encuesta a un especialista o realizar un informe.
Que organicen un cuadro comparativo que muestre información sobre los principales organismos internacionales vinculados con la salud (sigla que los identifica, de qué se ocupan, etc.). Por ejemplo: la Organización Mundial de la Salud (OMS) y cuáles son las recomendaciones que indican para prevenir esta enfermedad.
Ciencias Sociales
Se sugiere que los chicos miren películas o DVD (títulos sugeridos por el docente), escribir el argumento para socializar con los compañeros. También analizar fotografías y producir un texto.
De revistas o diarios viejos recortar imágenes sobre algunos de los temas ya dados en clase para armar una carpeta y llevar a la escuela cuando reinicien las clases. Analizar las imágenes y producir un texto. Leer solos o con ayuda y dibujar lo que más les gustó.
Observar libros ilustrados para conocer algunos aspectos de la organización social en la sociedad elegida (qué grupos la conformaban, qué actividades realizaba cada grupo, quiénes tenían acceso a la educación, quiénes y cómo se recreaban).
Consultar libros ilustrados para conocer algún tema sugerido por los docentes. Realizar dibujos y escrituras que den cuenta de lo aprendido.
De revistas o diarios viejos recortar imágenes que den cuenta de algún acontecimiento histórico en contextos culturales diversos del país, o de otros lugares del mundo. Observar, describir.
Buscar información en revistas especializadas, en folletos turísticos, en Internet acerca de temas de interés para los alumnos. Observar (en libros de texto, enciclopedias, videos, Internet) imágenes sobre temas dados para producir un texto.
Leer noticias periodísticas y/o artículos adaptados de fuentes científicas, libros de texto, etc. Buscar imágenes de paisajes de diferentes zonas del país y escribir un breve epígrafe que caracterice los elementos naturales y sociales.
Seleccionar actividades de las propuestas para el aula Efemérides Nivel Primer Primario Año 2009, en el link:
http://abc.gov.ar/lainstitucion/sistemaeducativo/educprimaria/default.cfm
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